Resumen de la Semana 21: Las Variables (y sus variantes)

En esta semana del Proyecto 3 Variables, nos tocaron pautas bastante específicas para seguir. Debíamos escribir un poema, con dos personajes principales: Sigmund Freud y una prostituta y teníamos -también- que incluir una tarjeta postal.

Vale que quizá pueda existir una que otra variante en alguna de estas producciones. :roll:  Como que por ejemplo el personaje de Freud, se haya reemplazado por una sesión psicoanalítica estándar… Jo, pero es que de verdad, estas variables no están dando tregua para nada. :shock:

En todo caso, esa no fue una generalidad, porque por supuesto, hubo quien sí que cumplió a rajatabla, la especial asignación. ;)

He aquí los textos de la semana.
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Sigmund Freud, instalado en Londres, escribe una carta a la prostituta con la que vivió un tiempo y con la cual se tomó algunas fotografías e intercambió tarjetas postales | Nadia Contreras |

La ilusión trae soles y estrellas,
mira, sonrío por todo lo sucedido;
alguien, amiga mía,
engendró la destrucción, la guillotina;
alguien, vacío de promesas,
me obliga a firmar
y yo recomiendo —no olvides aquí
el tono sarcástico— calurosamente
la Gestapo a cualquiera.
Alguién, engendró la enfermedad.
(Continúa)

El Juicio | Emma Meléndez |

Entrar a consulta
y contarlo todo.
(…)
De tanto estirarme
me he roto.

Intentando componerme
busqué un martillo
y en una confusión
en vez de un clavo
cogí un cincel.
(Continúa)

Sueños Viejos | Cristina Calduch |

Un martes cualquiera
y  sin razón aparente
cambiaron la cama
de cabezal de latón
y sábanas prestadas
por el diván de los sueños.
(Continúa) 

El Juicio

El Juicio
Emma Meléndez

Entrar a consulta
y contarlo todo.

(…)

De tanto estirarme
me he roto.

Intentando componerme
busqué un martillo
y en una confusión
en vez de un clavo
cogí un cincel.

(Acto fallido
de la más culpable)

Mutilé mi cuerpo
de la forma
más sanguinaria posible,
Verbigracia el destrozo
de mi pelvis, piernas
y encías.

Para unirme
busqué un pedazo de madera
y me clavé firme.

Llevé corona de espinas
para saber dónde tenía la cabeza.
Y en cada mano
me puse un clavo
para asegurarlas.

(Acto reflejo
y el arrepentimiento más profundo)

Ahora
heme aquí de espaldas
buscando mi propia exculpación.
De espaldas
ante la confesión
de un delito que no es el más grande.
De espaldas
ante la confesión
de una pena desproporcionada.
Crimen y castigo
en una cópula recurrente.
Buscando una tranquilidad
que no encuentro
(Y que Viena es tan dura
como se ve en las postales)
Lo acepto.

He cobrado
por ser mi propio esbirro.
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Proyecto 3 Variables – Semana 21
Personaje: Sigmund Freud y una prostituta
Género: Poesía
Objeto agregado: Una tarjeta postal

Anuncio de las 3 Variables de la Semana 22

4 Semanas apenas para que acabe el Proyecto 3 Variables y yo tengo ambivalencia sentimental. No quiero que se acabe el proyecto, pero por otra parte, nada más pensar en todo lo que nos queda por hacer este año, me empiezo a animar de nuevo. (Ya tendremos más adelante que hablar acerca de ello).

Con respecto al video, diré que esta semana el azar, en 3 instantes de bondad, ha decidido escoger tres variables tan lógicas como nobles. A mi de entrada me remiten -no sé por qué-, a cualquier pelicula Tim Burtiana. Claro que eso es decir nada; a cada quien le remitirá a algo distinto.

He aquí las variables de la semana.


Y de extra ésta. Desde luego. ;)

Resumen de la Semana 20: Una Difícil Misión

Esta semana quedará, seguramente, como la semana que menos actividad registró en todo el proyecto. Ya se empiezan a notar los cambios de esta segunda temporada y es que las variables esta vez, son nivel experto.

La tarea concretamente era escribir una comedia donde apareciera una receta de comida y que incluyese el personaje de un mitómano. Una difícil misión, ciertamente. Que vale recordar, no por haber acabado la semana, tiene que obligatoriamente caducar.

No nos cerramos a la idea de que más adelante, puedan caer uno o dos relatos más correspondientes a esta, la semana 20 del proyecto, pero mientras tanto, mención honorífica, para alguien que puntualmente y como todo un ganador, logró completar el difícil encargo.

He aquí el texto de la semana
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La paradoja del mentiroso | Víctor Mosqueda Allegri |

La paradoja del mentiroso. Aquel hermoso unicornio reposando en los jardines del minotauro. Poesía cursi y barata hecha mentira, en otras palabras. Apuesto a que tú eres uno de aquéllos que piensa <<Yo sé de qué va la paradoja del mentiroso. La cosa no es muy compleja. Un hombre miente y afirma “no creas nada de lo que te digo, porque sólo soy capaz de mentir”, con lo cual invalida su propia afirmación>>. Muy bien, se nota que hiciste tu tarea con afán. Me encanta escribir para lectores atentos y despiertos como tú. Así sólo se me hace más difícil el trabajo de quitarte lo lerdo. (Continúa)

Anuncio de las 3 Variables de la Semana 21

No hay mucho que decir. Quedan 5 semanas para que el proyecto llegue a su fin, y aunque estamos en cuenta regresiva, seguimos con energía y con nuestros habituales tríos de variables. Esta semana, como notarán, el video fue grabado a media tarde, y no es sino hasta ahora que se logró montarlo en youtube, debido a la mala conexión. Lo cierto es que ya está aquí y está esperando por ustedes, para que le den clic en “play” y se enteren de lo que se viene para los próximos 7 días.

La paradoja del mentiroso

La paradoja del mentiroso. Aquel hermoso unicornio reposando en los jardines del minotauro. Poesía cursi y barata hecha mentira, en otras palabras. Apuesto a que tú eres uno de aquéllos que piensa <<Yo sé de qué va la paradoja del mentiroso. La cosa no es muy compleja. Un hombre miente y afirma “no creas nada de lo que te digo, porque sólo soy capaz de mentir”, con lo cual invalida su propia afirmación>>. Muy bien, se nota que hiciste tu tarea con afán. Me encanta escribir para lectores atentos y despiertos como tú. Así sólo se me hace más difícil el trabajo de quitarte lo lerdo.

¿Está mintiendo, entonces, el sujeto de tu descripción, cuando dice que miente? ¡Un momento! No te atragantes, que no te he preguntado en qué posición ideológica te colocarás cuando la guerra final estalle. Esto es pura elucubración lógica. Un simple juego para agilizar la mente y pasar el rato. No es como para que abandones el papel, llorando y maldiciendo con borborigmos. ¡Vamos, regresa! Vuelve a la lectura, que te tengo una sorpresa que te va a gustar. La respuesta, amigo mío, para que no te amargues más entre tus ires y venires, es simple y llanamente sí. Me alegra haberte resuelto el misterio.

La única forma de que un mentiroso diga la verdad, es mintiendo. A este fenómeno se le conoce como doble farol y no tiene nada de paradójico. Se trata de decir una verdad, como si la misma fuera una mentira, de modo que no se le considere verdad. De esta forma, cuando un mentiroso desea que no crean sus verdades, pero de alguna forma se ve obligado a decirlas, sencillamente las hace ver como mentiras. Si te digo que te estoy mintiendo porque únicamente puedo decir mentiras, quiero que dudes de mi capacidad de mentir en toda situación, al decir la verdad acerca de mi incapacidad de decirlas. Eso activará en ti la necesidad (a todos los humanos nos gusta jugar a ser crédulos) de suponer que, de la misma forma que pude luchar contra mi incapacidad de ser sincero, para revelarte mi imposibilidad de no decir mentiras, así mismo puedo haberte dicho alguna vez (o varias veces) alguna otra verdad (o unas cuantas más). Entonces seleccionarás de entre las mentiras que de mí recuerdes, la que más te gustaría que no lo fuera, y pasarás a creer en mí, de nuevo, como un manso cordero. Quizás con resabios, pero completamente crédulo. Salvo que la mentira que selecciones de tus recuerdos para invalidar sea la mentira suprema, o como me gusta llamarla la dolce verita: “A ti jamás te mentiría”.

Una vez que crees que aquella patraña es real, estás perdido. No hay vuelta atrás. Puedo decirte que fui abducido por alienígenas a la edad de quince años y me lo creerás. Puedo decirte que no soy capaz de comprometerme a relaciones largas y serias porque fui un viajero del tiempo y desde entonces no sé a cuál época es que pertenezco, y asentirás, sin la menor duda de mi sinceridad. Puedo decirte que me gusta preparar el chutney con 500 gramos de tomates maduros, 125 de manzanas rojas, 250 de cebollas, 250 de pasas de corinto, 125 de azúcar morena, 300 mililitros de vinagre, dos cucharadas pequeñas de sal, lo mismo que de jengibre molido y una pizca de pimienta de cayena; y ya te veo buscando la libreta y anotando como un tonto. Seguro incluso seguirás mi procedimiento falso de colocar el vinagre, el azúcar, la sal y las especias en un caldero a fuego lento hasta que el azúcar se disuelva, y luego añadirás los demás ingredientes picados en pequeños pedazos y lo cocerás todo a fuego lento durante una hora hasta que se espese, removiendo de vez en cuando hasta que tome consistencia de mermelada. Seguro incluso te tomarás el trabajo (si así te lo afirmo, claro), de guardar el chutney es frascos esterilizados, cerrados boca abajo hasta que se enfríen. Y si te digo que para macerarlos debes empollarlos tal como las gallinas hacen con sus huevos, durante el lapso de tres meses, ya puedo verte cacareando y soltando plumas. Y si afirmo que lo mejor para acompañar el chutney son costillas de gato en celo, ya puedo imaginar los chillidos y los rasguños, además de la toxoplasmosis tras el fluir del tiempo. Es que lo pienso y me muero de la risa.

Porque, la cosa es que mentir es un arte, lo mismo que preparar chutney, lo mismo que viajar en el tiempo y, como tal, yo que domino cada uno de ellos, no puedo darte todos mis secretos. Porque, quizás para este momento tú estarás pensando <<Ya entendí lo que nos decía al principio sobre la paradoja de la mentira. Resulta que en verdad no nos está mintiendo y hay algo oculto aquí, entre toda la mentira, en lo que quiere que creamos. Seguro es más difícil que le creamos si nos dice que es sincero. Por ello ha hecho todo este montaje tan complejo>>. Pero, lamento desilusionarte, porque el asunto con la paradoja de la mentira es más intrincado. No se puede ser tan ingenuo. Volvamos a la pregunta original, la del principio del texto. ¿Está mintiendo, entonces, el sujeto de tu descripción cuando dice que miente? No amigo, la respuesta es no. No está mintiendo. No está mintiendo, por lo cual está siendo sincero, de modo que efectivamente está mintiendo. Y sí amigo, sí está mintiendo, de modo que nada de lo que dice es sincero. No hay que darle demasiadas vueltas al asunto para descubrir que todos los caminos nos llevan, lo mismo que a Roma, a la mentira. Lo divertido de la paradoja de la mentira es que hay una sola verdad, pero no se puede saber cuál es ésta, porque al pronunciarla la falseamos, la volvemos mentira. Entonces la duda, entonces la gira de psicoanalista en psicoanalista.

Piensa por un momento en alguna de las paradojas del viaje en el tiempo. Viajo al pasado y mato a mi abuelo. Entonces, ¿qué pasa? ¿Me muero? ¿Se encasquilla la bala? Y si envío remotamente a un pasajero a dos minutos al pasado, pero al verlo, me asusto de tal manera que no presiono el botón con el cual efectivamente lo he enviado, aunque no haya terminado de hacerlo. ¿Qué pasa? ¿Desaparece el hombre? Ninguna de estas preguntas tienen sentido, porque son paradojas construidas por imbéciles. Si viajo al pasado, y me encuentro con mi abuelo, no voy a ser tan idiota de darle un disparo. Ni en beneficio de la ciencia, ni en beneficio propio, asumiendo que sea un suicida. No voy a tener las agallas. Porque puede que sea un suicida, pero difícilmente también un asesino. Y ningún programa de viajes en el tiempo me enviará al pasado con ese motivo. De modo que, en ausencia de paradoja, resuelto el misterio. Y si intento llevar a una persona dos minutos al pasado no voy a ser tan tarado de dejar esa labor en manos de un humano. Simplemente programo a una neutral máquina, que invariablemente presione el botón, de modo que aunque me asuste, no ocurra nada. La moraleja de esto, es que hay que ser imbéciles para creer en la trampa de las paradojas, lo mismo que para creer en mí. Porque, de la misma forma que no mataría a mi abuelo tras viajar en el tiempo, no desperdiciaría todas estas líneas en una confesión real para decirte una sola verdad… ni para decirte una mentira. Simplemente hago el viaje, y me tomo unos tragos con el ancestro y brindamos por mi salud. Y si por casualidad el tipo muere por ahogarse con la aceituna del trago, ése es otro cuento. Lo mismo que si tú te tragas algo de todo esto que te cuento. No puedo hacerme responsable sobre lo que cada quien decide deglutir.

Porque ya bastante tuve que soportar a los psicoanalistas, los humanistas, los psiquiatras, los curanderos y los sacerdotes repetirme que era un joven malicioso que gustaba de inventar mentiras para agotar los nervios de mamá, por inventar aquello de que me habían abducido, de que probaron en mí una máquina de viaje en el tiempo y me hicieron matar a mi abuelo. Y que de paso era un mentiroso mediocre, un adolescente enfermo e ignorante, que no sabía que es paradójico matar al propio abuelo en un viaje en el tiempo, que es absurdo que los alienígenas viajen sólo para eso, que usen a un vulgar niño de pueblo para sus experimentos, que corran el riesgo de que robemos su secreto para viajar entre las galaxias o entre el tiempo, que Einstein dijo que la vida no alcanzaría para un viaje de más de 100 años luz, que era posible viajar en el tiempo, pero que el viajero no podía ser una partícula mayor a un taquión porque de otra forma requeriría de toda la energía del universo, que el abuelo jamás había tocado un solo implemento de la cocina, que era alérgico al jengibre molido, que consideraba que la azúcar morena era ordinaria e insabora, y que es imposible que, antes de dispararle, lo haya encontrado preparando un chutney y que haya pasado uno de los mejores momentos de mi vida acompañándolo en el proceso; que es absurdo que unos alienígenas tiranos me hayan permitido pasar tal tiempo de calidad, que me dejara de tratar de matar a mamá de un disgusto y me quedara en silencio. Ya bastante tuve que repetirme “no creas en nada de lo que dices, pues sólo puedes decir mentiras”, ya bastante tuve que repetirme que ésa era la única paradoja posible, como para que ahora vengas tú, de gratis, a creer cualquier cosa que yo diga sólo porque eres un crédulo ignorante que no sabe nada de paradojas, abducciones, mentiras, chutney o viajes en el tiempo.

Resumen de la semana 19: El Regreso

Después de una semana de descanso, el Proyecto 3 Variables ha vuelto en este nuevo año, con una nueva forma de elegir las 3 variables de la semana. Ya no sorteamos directores, sino en cambio, decidimos directamente sortear variables. Y mira si ha salido bien el asunto…

Esta semana fueron seleccionadas 3 variables bastantes coherentes. Hemos tenido que utilizar 112 palabras exactas, para escribir un texto que tuviese los valores tradicionales como tema principal y a una anciana como protagonista. Y sí, ya. Que quién mejor que hablar de valores tradicionales que una anciana, ¿cierto? Pues, el ejercicio tuvo lo suyo y a la final, -al menos para mí-, escribirlo no fue tan fácil como pensé. En 112 palabras no se puede ofrecer comida, postre, limpiar con saliva ninguna mejilla, y de paso, hablar de los valores tradicionales y repetirlo 300 veces. :mrgreen:

En todo caso, he aquí los textos de la semana.
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Hoy | Cristina Calduch |

…una paloma se ensució sobre el coche, ¡zás! en todo el parabrisas, ¡menudo susto! A punto he estado de estrellarme… es que hasta las aves se han vuelto locas en esta ciudad que ya no reconozco… En mi juventud sí sabíamos disfrutar, no era como ahora que sin alcohol o drogas no hay diversión… En fin… Saco poco el coche… nunca me he renovado el permiso y si te pillan conduciendo con el carné caducado no quieras saber… mis hijos ni se lo imaginan, me dicen que lo venda, que lo tengo muerto de risa en el garaje, pero yo no lo vendo ni loca… aún me queda mucha vida por delante…

La Conclusión | Nadia Contreras |

En las paredes de la casa figuraban diplomas y medallas que recibió en vida. Sin embargo, esa mañana Ernestina, imagen de la honestidad y la sinceridad murió. A la ceremonia asistieron el gobernador y su comitiva. Los medios de comunicación informaban de diversos homenajes. Al tercer día, su casa se abría a petición de seguidores y admiradores. Nadie se había dado cuenta que Ernestina vivía rodeada de los objetos, que según la Secretaría de Seguridad Pública, se reportaron como robados en los últimos veinte años. Sobre la mesa de noche, sobresalía el Libro de las Mentiras, titulado así por Ernestina y en el que hacía recuento puntual y detallado de éstas.

Doña Martina | Anaís Barrios |

La dorada desesperación del sol brilla entre las rendijas, la anciana se apresura a abrir puertas y ventanas para dejar pasar el día con su estrépito desorden. Los hijos y nietos se van levantando, mientras otros llegan y se agregan a las tareas necesarias para la fiesta. «Algo trama la abuela» decían entre risas y picardías ante una fiesta que no coincidía con fechas célebres. Ninguno acertó su hipótesis. Llegada la hora, la anciana se levanta de la mesa y anuncia: «Queridos, siendo la felicidad un valor tradicional importante para la familia, les anuncio que me caso». Así fue como Doña Martina se casó con el Sr. Eusebio a sus 89 años.

El Secreto Ulterior | Víctor Mosqueda Allegri |

Tengo 112 años. He visto todo lo que es posible, incluso ahora que mi vista no alcanza la libreta frente a mí. Estas palabras son intuidas antes que escritas. Y da igual. De todas formas, su eco no llegará siquiera a mis oídos. Llega un punto en la vida de una mujer que la inercia lo absorbe todo. La matemática de los años se vuelve redundante. El frío en la consciencia te deja helada en una contemplación remota, como si juzgarte a ti misma fuera un espejismo. 112 palabras, una por año, para decirte el secreto ulterior: los valores tradicionales vuelven longevo al cuerpo, pero te dejan con un espíritu sin estrenar.

Toda su niñez | Emma Meléndez |

Una anciana en una mecedora, mece a su nieto en un moisés. De improviso, la anciana piensa en su propia niñez. Pero no en momentos puntuales, sino en toda su niñez. En cómo, a tan temprana edad, aprendió conceptos tan abstractos y fundamentales, cómo lo son los valores que le fueron inculcados. Agradeció no haber sido subestimada por sus padres, y cayó en cuenta, como en una epifanía, que en la no subestimación, subyacen la totalidad de esos conceptos. Sonríe y entiende la facilidad con la que ha podido trasmitirlos a sus hijos, y a su nieto –piensa-, a quien mece y a quien, aunque no podrá ver de grande, inmensamente estima.

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Y esta vez, de bonus, voy a dejar un video muy chulo que he visto esta semana en interné y que quería compartir aquí. Se llama The Joy of Books. Y al parecer desvela un secreto bien guardado; los libros no sólo se alegran cuando los leemos. 8O

Autor: Sean Ohlenkamp

Anuncio de las 3 Variables de la Semana 20

¡Listo! 20 semanas de Proyecto 3 Variables. Hemos alcanzado otro gran número redondo (el último, en términos prácticos). Ya lo que queda es contar hacia atrás y no hacia adelante. La cuenta regresiva lleva ahora impreso el número de 6 semanas. Muy poco tiempo para los que disfrutamos de este proyecto, aunque muchos estemos deseando tomarnos un descanso. Lo bueno es que cada semana el cansancio se hace de lado al conocer las 3 variables que guiarán nuestra escritura, y volvemos a tomar energía para continuar. Esta semana no será la excepción, porque las 3 variables que han quedado seleccionadas por el azar, una vez más, son fabulosas y de seguro, del reto que plantea, saldrán textos grandiosos. Los dejo con el video de la selección para que se enteren por su propia cuenta.

El secreto ulterior

Tengo 112 años. He visto todo lo que es posible, incluso ahora que mi vista no alcanza la libreta frente a mí. Estas palabras son intuidas antes que escritas. Y da igual. De todas formas, su eco no llegará siquiera a mis oídos. Llega un punto en la vida de una mujer que la inercia lo absorbe todo. La matemática de los años se vuelve redundante. El frío en la consciencia te deja helada en una contemplación remota, como si juzgarte a ti misma fuera un espejismo. 112 palabras, una por año, para decirte el secreto ulterior: los valores tradicionales vuelven longevo al cuerpo, pero te dejan con un espíritu sin estrenar.

Doña Martina

La dorada desesperación del sol brilla entre las rendijas, la anciana se apresura a abrir puertas y ventanas para dejar pasar el día con su estrépito desorden. Los hijos y nietos se van levantando, mientras otros llegan y se agregan a las tareas necesarias para la fiesta. «Algo trama la abuela» decían entre risas y picardías ante una fiesta que no coincidía con fechas célebres. Ninguno acertó su hipótesis. Llegada la hora, la anciana se levanta de la mesa y anuncia: «Queridos, siendo la felicidad un valor tradicional importante para la familia, les anuncio que me caso». Así fue como Doña Martina se casó con el Sr. Eusebio a sus 89 años.